Apuramos nuestros últimos días antes de regresar a Madrid. La costa del Egeo y del Mediterráneo es un crisol de culturas, cuyos restos no dejan indiferente a nadie.
Griegos, Romanos, Otomanos y otros se disputaron estos territorios a sangre y fuego, firmando algunas de las páginas más brillantes de sus civilizaciones.
Nos adentramos en el conjunto arqueológico de Efeso, (aún con pocos turistas) y nos movemos por sus lujosas calles pavimentadas en mármol, casi como si hubieran sido abandonadas ayer. Restos de templos, palacios, casas de ciudadanos adinerados jalonan nuestro deambular.
Un imponente teatro, aún en reforma, nos sobrecoge por sus dimensiones. Aquí y allá , columnas, capiteles, antepechos, pilastras y bloques de sillar esperan diseminados por el suelo a que una arqueóloga encuentre su lugar en este gigante rompecabezas.
Nos detenemos un rato largo frente a la joya de la corona de Éfeso, el frontal de la biblioteca de Celso. Imagino por unos instantes traspasar su umbral, acomodarme en una de sus salas y perderme entre sus pergaminos.
Imagino también el bullicio de la época, con vendedores, esclavos, soldadesca y señores, ahora trastocados en un turismo de todo pelo. Unos intentando mostrar su imagen más favorable delante de sus smartphones, otros pensativos, otros desorientados donde fijar la mirada.
Unas salas de proyección 3D intentan transportarnos a los orígenes de la ciudad, a sus moradores y a sus dioses.
Imágenes y sonido consiguen transportarme a tiempos remotos.
Salgo de la sala y de la excavación dando gracias a la diosa Artemisa por haberme permitido entrar en su protegida ciudad y por haberla preservado durante más de dos milenios para que podamos seguir disfrutando de su belleza.
Añadir comentario
Comentarios