Pamukale

Publicado el 30 de julio de 2026, 8:03

El 26 de julio nos apetece un día de relax y disfrutamos un día de playa.

La mayoría de la gente se tumba en los quinientos primeros metros que es donde están las tumbonas y los bares. A lo lejos vemos unos árboles en la mismísima playa y decidimos andar un poco más. 

Gracias a la vegetación estamos en sombra todo el día y con una fuerte brisa.

Observamos como los turistas con bolsas cargadas de souvenirs vuelven al barco del crucero.

Como es domingo, alguna familia turca se sienta cerca de nosotros. Algunas mujeres van con pañuelo y manga larga mientras otras disfrutan del agua con sus hijos en bañador. Es maravilloso que cada uno actúe según si criterio sin juzgar al de al lado. 

Al día siguiente un cómodo autobús con catering y tres asientos por fila nos deposita en Denizli desde donde parten minibuses a Pamukkale.

Llegamos a las cuatro de la tarde con 38 grados y la lógica nos indica que lo mejor que podemos hacer es ponernos en remojo en la piscina.

Por la noche una familia italiana que viaja en coche de alquiler comparte las impresiones de su viaje con nosotros.

Leo en internet que hay varias entradas, recomendándose la entrada sur porque abre antes (6:30) y no suele ser utilizada por los autobuses.

Sin dudarlo, al día siguiente nos levantamos a las cinco y media. Una furgoneta que trabaja con globos aerostáticos nos sube los dos kilómetros y medio que nos separan de la entrada. 

Al llegar a la puerta, el guarda nos indica que han cambiado los horarios y que hasta las ocho no hay nada que hacer. Respiramos tres veces y nos sentamos a la sombra. Entramos los primeros y nos vamos directamente a las piscinas de carbonato sódico. Lo primero que observamos son unas maravillosas cascadas que, salvando las distancias nos recuerdan a las de Gavarni. Hay que descalzarse para bajar por la roca y la piedra pincha de lo lindo. Luismi va bien pero yo como un pato mareado. Observo la canalización que alimenta artificialmente algunas travertinas para que los turistas nos mojemos los pies, nada que ver con las fotos de hace cuarenta años cuanto el agua azul caía de terraza en terraza. Parece ser los hoteles construyeron piscinas y secaron la alimentación de las travertinas.

La ciudad de Hierapolis está en el mismo recinto. Disfrutamos mucho del teatro que ha sido exquisitamente reconstruido y de los sarcófagos del museo. 

Por la tarde un autobús nos traslada a Selcuk para visitar Efeso. Durante el trayecto nos obsequian con helado, café y agua. Dudamos si al final del recorrido van a servir un pollo asado...

 

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