Ayer trasladamos las bicis a un hotel cerca del aeropuerto de Estambul. Fuimos al Decathlon y un joven nos invitó al mini bus. Este país no deja de sorprendernos
Por la tarde volamos a Bodrum, antigua Halicarnaso.
Esta ciudad está al borde del mar. Todas sus casas son blancas de dos alturas y con preciosas buganvillas. Las ventanas están pintadas de azul Mikonos. La calle paralela al paseo marítimo esta plagada de tiendas. En el puerto no cabe un barco más. Por la mañana camiones cisternas pueblan los muelles para que los buques de lujo llenen sus tanques de combustible.
El empleado de una floristería lleva centros de flores frescas a los yates.
Visitamos el castillo que es un auténtico crisol de culturas. Dicen que se utilizó para su construcción las piedras del mausoleo de Halicarnaso. En su interior conviven una mezquita, los escudos de los cruzados, esculturas griegas y restos de barcos naufragados.
Nos emocionamos al pisar la misma tierra que pisaron las armaduras de los cruzados aunque no compartamos su lucha contra el infiel.
Por la tarde visitamos el mausoleo, el teatro romano y los restos de las puertas de la antigua ciudad.
Tenemos suerte porque todo el día corre un fuerte brisa que favorece el que suframos los estragos del calor.
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