Nis

Publicado el 5 de julio de 2026, 16:55

Salimos de Jagodina sin lluvia y con una temperatura magnífica. Hoy todo nos acompaña, incluso el viento nos empuja en la dirección deseada. A los pocos kilómetros nos desviamos por una carretera secundaria que asciende colinas con suavidad entre flores moradas y amarillas.

En nuestro café coincidimos con unos italianos que adoran España.

A lo tonto, los metros se van acumulando y en el kilómetro 55 encontramos una señal de peligro pendiente del 22%. Pues nada, para arribar sin pensar mucho... Luismi y yo coincidimos que la señal está mal y que del 12% no pasa. El resto de la jornada hasta Nis es llano descendente.

En un polígono antes de entrar a la ciudad está el campo de concentración nazi Red Cross. Estuvo operativo desde 1941 hasta 1944 que lo liberaron los partisanos yugoslavos. Pasaron por el campo 30.000 personas y se estima que unas 12.000 fueron fusiladas. Yo nunca me canso de visitar estos museos porque he tenido la suerte de no vivir una guerra y quiero que no se me olvide lo que significan esas contiendas.

Al día siguiente lo dedicamos a turismo.

Nis tiene una bonita fortaleza otomana dentro de cual hay una mezquita de 1750, un lapidarium del siglo tres, unas ruinas de una ciudad romana y un hamman reconvertido en museo de jazz. Vamos que no le falta de nada.

Un autobús público nos desplaza hasta la Torre de las Calaveras. Este monumento se construyó en 1809 después de la victoria de los otomanos sobre el primer levantamiento Serbio. En las paredes de la torre se incrustaron 950 calaveras para infundir temor a la población. El efecto fue el contrario y los serbios lo consideran un monumento que representa el precio de la independencia.

Comemos en un restaurante en el que el chef hace en la carta un marketing espectacular de los platos. Al degustar el humus de remolacha nos acordamos de lo bien que cocina nuestro amigo José.

 

 

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