Nuestro track nos permite despedirnos otra vez de la fortaleza de Nis y del muro de las calaveras.
A pesar de ser hora punta, casi no hay tráfico. Supongo que el hecho que el trasporte sea gratis y el autobús pase cada 5 minutos también ayuda...
A los ocho kilómetros nos desviamos a una maravillosa carretera secundaria en la que "solo nos perturban" dos coches en toda la subida al puerto. El ascenso transcurre entre bosques de robles, endrinos y miles de pequeñas flores amarillas que amenazan con engullir el asfalto.
Paramos en la única fuente que hemos visto en toda Serbia y disfrutamos de ese olvidado sabor de agua de manantial. Salvo un tramo al 11%, la pendiente no es muy pronunciada pero muy, muy larga. Felices de haber superado nuestros primeros 600 m acumulados picamos algo ligero.
A la bajada del puerto nos atrae como un imán la terraza de un restaurante donde los parroquianos están disfrutando un almuerzo salado.
Nosotros no vamos a ser menos y como los lugareños, nos tomamos una ensalada gigante, una tortilla y Luismi, ole, tres huevos con beicon.
Nos cuesta terminar nuestro platos y yo me siento un poco pesada.
En el inicio del segundo puerto nos encontramos a una señora que con gran esfuerzo arrastra un carro. Luismi está a punto de llevárselo a su casa.
Nos paramos a beber agua y la señora no pierde ocasión de hablar con nosotros en inglés. Resulta ser una hipije que baja todos los días al pueblo a por comida para su perro y su gato.
En el final del puerto no hay cobertura por lo que paramos en el primer pueblo de la bajada para reservar el apartamento. Dejamos las bicis a la sombra cerca de la entrada de un jardín. Saludamos a los propietarios que entran en ese momento y seguimos a lo nuestro. A los dos minutos nos preguntan que si queremos un café y sin dudarlo decimos que sí. Nos enseñan las fotos de sus hijos y pasamos un rato muy agradable.
Retomamos nuestra bajada por un valle, que salvando las distancias, me recuerda al valle de Lozoya.
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