Salimos de Belgrado por una carretera parecida a la de Extremadura pero con un tranvía en cada sentido, camiones y autobuses. Las aceras son muy anchas, por lo que los cinco primeros kilómetros vamos por la acera.
Nuestros siguientes 15 kilómetros discurren por zonas industriales y con mucho tráfico.
Como estamos aburridos nos paramos en la terraza de la gasolinera a tomar algo para despejarnos.
Hay un ambiente húmedo, con mucha vegetación.
Dejamos a nuestra izquierda Smeredevo con su famosa fortaleza al lado del Danubio. Decidimos no desviarnos porque no hay alojamiento en muchos kilómetros y la salida de Belgrado ha sido muy lenta.
Después de comer, afortunadamente, pedaleamos por una carretera más rural. Nos tocan tres cuestas gordas en las subimos mil metros. A mí ya me sobra todo, afortunadamente los últimos doce kilómetros son llanos descendentes.
Después de 84 kilómetros, Luismi me está esperando con una sonrisa en Smederevska Palanka para ir a nuestro apartamento.
En la puerta nos reciben con una sonrisa los dueños y muy amablemente nos indican que el alojamiento está en un cuarto piso.
No way, después del stress de la salida de Belgrado yo no quiero subir ni un metro. Los propietarios me leen el pensamiento y nos indican que nos ayudan a subir el equipaje. Yo digo tímidamente que no hace falta, pero Luismi que es mucho más avispado que yo dice que muchas gracias. El dueño, tipo armario de gimnasio, hace una mueca al levantar las alforjas de Luismi. Seguro que piensa que ya ha realizado todo el ejercicio del día con un par de viajes cargando hasta el cuarto piso.
El alojamiento está totalmente nuevo y todas las estancias parecen un expositor de Ikea. Tiene un salón, salón comedor, terraza...
Agradecemos aterrizar en un sitio agradable después de un día duro.
Al día siguiente nos levantamos como siempre a las cinco y media. Fuera se oye el ruido del agua. Como dice Serrat, detrás de los cristales llueve y llueve.
Esperamos un par de horas hasta que caí algo parecido al chirimi y retomamos nuestra ruta. Ha bajado mucho la temperatura pero a 25 grados y subiendo cuestas no hay quien aguante un chubasquero.
A los diez minutos deja de llover y encima nos desviamos a una carretera totalmente rural con las ovejas y sin tráfico. Jupiii!!!
Nos reconciliamos con la vida porque ya estábamos un poco rayados de tanto camión.
Qué maravilla volver a ver flores, casas bonitas, bosques...!!!
Me adelanto un poco y veo una especie de supermercado. Le preguntamos a un joven si tienen café y dice que no pero que para que probemos la hospitalidad servía, su madre nos invita a uno.
Compramos unas galletas para completar nuestro segundo desayuno.
El joven nos cuenta que es economista, que va de fiesta a Belgrado pero que le gusta la tranquilidad del pequeño pueblo de 300 habitantes. Su filosofía es que no hay que obsesionarse con tener casas grandes, coches lujosos.. porque la felicidad se consigue disfrutando los pequeños detalles y teniendo salud.
Tiene un hermano gemelo y como suele ocurrir, dice que siempre les confunden.
Antes de irnos intentamos comprar un paquete de galletas, pero se niega en rotundo a que se lo paguemos.
Le pido que se haga una foto con nosotros para el blog y enseguida coge mi teléfono para hacer un selfie. Incluye en la foto el paquete de galletas y a mí me entra la risa floja.
Nos despedimos con un abrazo y su cálida sonrisa.
Nos ha alegrado el día!!!
Como por la tarde el pronostico es de agua, comemos un bocata rápido en un parque y continuamos hasta Jagodina.
Hemos reservado un alojamiento a 150 metros de nuestro track. En perfecto Serbio, la señora me explica cómo funciona todo y consigue entender que queremos que nos indique un sitio para cenar.
Justo al lado del apartamento hay un grill que te chupas los dedos. Después de ducharnos nos dirigimos a ese restaurante de ensueño que resulta ser un sitio en el que solo hacen perritos y hamburguesas a la plancha. Como nos apetece algo más contundente elegimos un restaurante en un parque con fuentes con luces de colores. Al ser un sitio mono, los camareros hablan inglés.
Me sorprende que hay cinco camareros en la barra mirando el teléfono y yo intenté contactar con ellos sin éxito. Luismi me toma el pelo y me sugiere que les haga una reingeniería de procesos..
Hoy se ha repetido el mismo esquema al levantarnos pero la lluvia no tenía mucha intensidad y nos hemos mojado unos diez kilómetros.
Queremos parar en Nis para ver un campo de concentración pero es difícil encontrar alojamiento a medio camino, por lo que decidimos en vez de subir en taxi al monasterio de Ravanica pedalear y disfrutar del enclave con más tranquilidad.
El monasterio que data de 1386, es un sitio de peregrinación porque están enterradas las reliquias del príncipe Lazar a quien mataron los otomanos en la batalla de Kosovo.
Desde 1946 es un monasterio femenino, motivo por el cual a Luismi le han pedido que se tape con una especie de gabardina. Digo yo que será para evitar tentaciones!!!
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