Después de pasar la frontera, la carretera hasta Sid es muy tranquila. La temperatura es elevada ( 34 grados), por lo que lo primero que hacemos es beber y comer.
El sol hace sus estragos y nos cuesta encontrar el alojamiento (no tenemos internet pero un señor de un bar nos deja usar su wifi y finalmente nos apañamos).
El apartamento es un remanso de paz muy fresquito. Tiene de todo, hasta albornoz.
Invernamos hasta última hora de la tarde, hora en la que salimos a comprar las tarjetas de internet y a comer algo.
Como es de bien nacidos ser agradecidos, nos dirigimos al bar donde nos ayudaron.
Luismi cena una carne enrollada con todo tipo de cosas dentro y yo una especie de cachapo.
Al día siguiente madrugamos para no pasar mucho calor. La carretera es sosa, sin flores ni casas bonitas y con mucho tráfico. Cada 20 o 25 km paramos a beber algo porque nos aburrimos.
Hay muchos puestos de sandía pero ninguna está cortada y no tenemos narices para cargar con ocho kilos de fruta.
Antes de las once estamos en nuestro alojamiento. El apartamento está en un chalet y también tiene un magnífico aire acondicionado. La guinda la pone el cuarto de baño en el que un acuario de peces tropicales que separa la ducha del lavabo.
Cuando salimos a comer es imposible andar al sol con 35 grados. Decidimos entrar en el primer restaurante que encontremos y es un chino.
Son muy amables y hablamos con ellos sobre Xian.
El pollo agridulce con verduras y arroz está buenísimo. El camarero, como despedida, nos regala unos dulces.
Como ya es habitual esta última semana, toda la tarde invernamos.
Hoy nos hemos desplazado a Belgrado. Hemos parado 7 kilómetros antes de llegar en Zemun, un pequeño pueblo medieval a orillas del gigantesco río Danubio. Desde la Torre Gardos disfrutamos de una vista panorámica de Belgrado y de los dos ríos que lo bordean. Mientras contemplamos el paisaje, me aparto para que una pareja haga una foto. Me responde en español que no importa. Nos comentan que son de Nápoles y que la semana que viene van a Alicante porque tienen amigos que organizan allí un campus de baloncesto.
Hay estupendas terrazas al lado del Danubio pero el sentido común se impone y continuamos hasta nuestro apartamento en Belgrado.
Observamos obras gigantescas por varios lados y al leer la publicidad, nos damos cuenta de que están preparando la Exposición Universal 2027.
El puente que cruza el río para entrar en Belgrado desprende un calor insoportable debido a sus seis carriles llenos de coches.
Aterrizamos en un restaurante al lado del alojamiento con un camarero encantador que habla perfectamente inglés. Su acento y su forma de expresarse me resulta familiar, yo diría que es griego. Cometo la torpeza de preguntarle si es Serbio y me responde que sí, que es de Kosovo pero que después de la guerra se fue a Montenegro. Nieves, en que jardín te estás metiendo...
Nos invita al café y nos despedimos contentos de poder hablar un poco con alguien.
Teóricamente no podemos entrar en el alojamiento hasta las 15. Por el sistema de mensajería de Booking les pedimos entrar antes, nos dicen que si pero no nos mandan los código de entrada.
A mí ya se me inflan las narices y dejo reflejado en la aplicación que no nos hacen ni caso a pesar de venir en bici y hacer una temperatura de 35 grados.
Como ya les he dejado en evidencia, responden que no hace falta montar un drama y de forma inmediata nos remiten las claves para entrar.
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