Comunicarse

Publicado el 24 de junio de 2026, 21:01

Cuando no viajas o te comunicas siempre en tu legua materna, tienes esa sensación de seguridad que te otorga el poder pedir desde cosas sencillas hasta compartir sentimientos o debatir con los demás.

Actualmente, en nuestras sociedades, las formas de comunicación están evolucionando de una manera sorprendente. Cada vez más gente habla otras lenguas diferentes a la propia y, sin embargo, cada vez se hace un uso más restringido y menos enriquecedor de la materna.

Las formas de comunicación no verbal nos ha llevado a utilizar dibujos gesticulantes o palabras sincopadas para economizar, como si tuviésemos que pagar por cada una de ellas.

Reconozco que, cuando hablo o escribo, me gusta extenderme para argumentar, adornar o, simplemente, explayarme en el léxico. Siento un cierto placer cuando logro colocar palabras adormecidas en mi cerebro.

En este largo viaje, visitamos países con lenguas diversas. Algunas conocidas, otras en absoluto.

Me siento incómodo cuando apenas me aprendo cuatro palabras de cortesía, pero ignoro cómo pedir cosas elementales o expresar un sentimiento.

Hoy, una señora del hostal donde nos alojamos en Croacia, ha conseguido evadir mi frustración mostrándome su jardín y compartiendo el placer por colores y fragancias de las flores que cuidaba. Apenas han supuesto quince minutos pero, cada uno en su idioma, hemos comunicado el amor por esas flores que cada uno nombrábanos de manera distinta.

En la habitación de al lado a la nuestra se alojan unos inmigrantes de Bangladesh (?) muy charlatanes, que aprovechan el momento de la cena para charlar de forma casi ininterrumpida. Todos ellos hombres, seguramente a miles de kilómetros de sus familias. Pienso en que nosotros hemos elegido esta lejanía provisional durante unos pocos meses. Ellos no. Podrán ser años los que se repitan esas cenas se alivio comunicativo.

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