Volvemos a atravesar Zagreb pero en esta ocasión en bicicleta.
Dejamos a nuestra derecha el mítico Hotel Explanade, donde se alojaban los viajeros del Orient Express que visitaban esta ciudad.
Nosotros avanzamos lentamente porque es la hora punta de entrada a los polígonos y a la ciudad.
Cuando solo llevamos 20 km y todavía no hemos abandonado Zagreb, nos paramos en una terraza para despejarnos.
El siguiente descanso lo hacemos degustando una riquísima sandía.
Por la tarde, por fin pedaleamos por una carretera tranquila con nuestros amigos los tractores y los campos de maíz, incluso algún burrito.
Antes de irnos al hotel, nos tomamos algo fresco en un bar. Como hay bastante humo dentro, nos salimos fuera y todos se quedan extrañados de que no prefiramos el aire acondicionado. Pasan coches con banderas de Croacia para animar a su equipo de futbol en el mundial.
El dueño del alojamiento es un poco despistado. Ha impreso una wifi con contraseña incorrecta, nos da otra y tampoco funciona. Me pide que scanee el código y no coincide ni un solo número.
Al día siguiente iniciamos nuestro trayecto por pequeños pueblos con jardines y ventanas a rebosar de flores. La ruta discurre por un bosque de hayas que impide que la luz atraviese sus ramas.
Algunos lirios naranjas adornan el borde de la carretera. Es un lujo poder disfrutar del campo en estás fechas.
Nos paramos en Kutina para visitar la iglesia barroca de Nuestra Señora de las Nieves. Unos pocos metros antes de llegar, tenemos la suerte de ver tres o cuatro casas típicas de madera en perfecto estado.
Nos tumbamos en una pradera que resulta ser el jardín trasero de una casa. Pasa todo el pueblo por delante y nos sonríen. La ensalada de judías nos sabe a gloria.
Durante todo el recorrido vemos muchos carteles que indican "Jaja". Pensamos que puede ser un sinónimo de habitación pero resulta que significa huevos.
En el hotel que teníamos previsto quedarnos no hay sitio y nos vemos en la tesitura de hacer 30 kilómetros más que por la tarde apetece poco.
En el último momento busco habitaciones en casas y encuentro una a 1,5 km. Milagro!!!
Es una casa gigante y cuando salimos al patio a cenar descubrimos que hay muchos inmigrantes que parecen de Pakistán o Bangladesh.
Sonríen y no paran de hablar entre ellos.
Noto que me mirar, igual piensan que soy India porque ahora estoy muy morena de estar todo el día al sol.
Pensabamos invitarles a unos galletas pero se van a sus habitaciones antes de que terminemos de cenar.
Nos hubiera encantado charlar con ellos un rato.
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