Volvemos a pedalear por la vía verde de ayer todo el día. Es una maravilla hacer kilómetros a la sombra. Cómo a mitad de camino un adolescente vende limonada que hace en el momento y decidimos cambiar nuestro matitino café por la limonada y charlar con él un rato.
Es domingo y según nos aproximamos a Treviso el carril se llena de gente variopinta: señoras que llevan un carrito para llevar al perro, jóvenes que se creen que están en un velódromo y las parejas de andarines que juegan a tapar la calle para que no pase nadie.
A 20 metros del camping paramos a comprar comida como si no hubiera mañana pero cuando pagamos, la cajera nos indica que allí ya no hay camping. Buscamos un parque para por lo menos comernos algo y que la bici pese menos.
Finalmente reservamos un hotel que está en la salida de la ciudad y decidimos dedicar la tarde a recorrer el centro histórico. Son las 14:30 y para coger fuerzas nos tomamos un café y un helado.
Visitamos los edificios cerca de la plaza del Signori, sobre todo disfrutamos mucho de una pequeña exposición de fotografía en el Palacio de la Prefectura. Por casualidad, nos topamos con la estatua de las tetas (es famosa porque antiguamente por un pecho podías beber vino tinto o por el otro blanco). Nos acercamos a un lateral donde escuchamos jaleo y parece que va a empezar un espectáculo musical. Cómo hay sillas y está a la sombra, nos viene de perlas para descansar. El espectáculo en cuestión resulta ser una especie de fiesta de final de curso en la que niños de cinco años tocan la pandereta a ritmo de canciones de moda. Después, los que tienen ocho o diez años se dedican a aporrear el piano con gracia. Les aplaudimos y pasamos un buen rato.
Nuestra siguiente parada son los fotogénicos canales llenos de flores. Elegimos una terraza para tomar splizt mientras observamos como los patos juegan en el agua.
Al día siguiente, la salida de Treviso la realizamos en plena hora punta de entrada al trabajo. Conseguimos coger una especie de carril acera bici por el que nos cunde poquísimo pero nos alejamos de los coches. El carril se acaba y hay que volver a compartir calzada con los camiones. Cuando terminamos nuestra jornada hemos realizado solo 60 km pero parece que hemos realizado 100.
Afortunadamente, aterrizamos en un tranquilo camping de agroturismo con piscina y nos relajamos toda la tarde. Bueno,he exagerado un poco con eso de toda la tarde porque cuando a las cinco les pregunto que si hay que reservar para cenar me responden que me siente ya porque la cocina cierra a las siete.
Hoy me va a dar tiempo a leerme una enciclopedia antes de dormir...
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