La peregrinación de Padua

Publicado el 13 de junio de 2026, 21:16

Nos levantamos con una excelente temperatura y pedaleamos muchos kilómetros por una especie de vía verde. Es un relax poder contemplar el paisaje que en este caso es espectacular porque vamos en paralelos a las Dolomitas. En nuestro café matutino coincidimos con una señora que se ríe a grandes carcajadas intentando que sus amigas se acuerden de una canción. Yo me acuerdo, por lo que la canto con ella y todavía se ríe más alto.

Tenemos la suerte de comer en una magnífica tratoria. Aunque todavía no hay clientes en el elegante comedor, optamos por la terraza para disfrutar las plantas y para que los distinguidos clientes no compartan nuestro ligero olor a sobaquillo.

Luismi pide sardines agridulces encebolladas y pasta negra rellena de pescado. Yo pido pasta con ragut. Los tres platos están excelentes y como colofón un mousse de pistachos.

La dueña, una señora que no cumplía ya los 80, viene a charlar con nosotros. Nos comenta que le encanta estar en el campo, que la vida es hacer las cosas despacio, estar con la familia y los amigos.

Le han dado un piso en Milán y dice que no se va allí ni loca.

Es viernes y el tráfico se pone cada vez más intenso. Nos pasan muy cerca y nuestro nervios están a flor de piel. Por fin aterrizamos en el camping y nos relajamos en el verde 

Una pareja lleva una tienda grande parecida a la nuestra. Son de Paris y tienen 75 años. Nos comentan que llevan 5 semanas pedaleando y que desde Milán se vuelven a casa. Sus descoridas alforzas dan fe de que han disfrutado muchos viajes.

Los cohetes de por la noche nos recuerdan que es San Antonio, pero al llegar cerca de la basílica, no nos queda duda de que hay un evento grande. Por todos los lados hay autobuses, personas que empujan sillas de ruedas, la Cruz Roja y la policía en casa esquina, decenas de puestos con estampitas y velas... Vemos el claustro pero al resto de la Basílica no podemos porque hay una cola de espanto.

En la plaza del Prato Della Valle, como en todas las plazas el sábado, hay mercado. En medio de la plaza hay una isla rodeada de canales , puentes tipo Monet, multitud de estatuas y todo el perímetro de la plaza estaba lleno de palacios venecianos de los que todavía quedan algunos.

Nuestra próxima parada es el Palacio de la Razón, edificio donde en la Edad Media se impartía justicia. El salón tiene 80 metros de largo por 27 de ancho y 40 de alto. Todos los laterales están decorados con frescos. En una de las esquinas se conserva la piedra del Vatuperio donde se sentaban en ropa interior los deudores mientras se azotaban y gritaban que cedían todos sus bienes.

En el batisterio y en la famosa capilla de Scrovegni ( donde se encuentran los frescos de Giotto) no podemos entrar.

Después de visitar la universidad donde Galileo Galilei impartió clases, terminamos nuestra jornada visitando el jardín botánico Patrimonio de la Unesco que fue creado en 1545 por la facultad de Medicina para el uso de plantas medicinales.

Nuestra tienda está situada al lado de las duchas que tienen código de acceso. Cómo la vieja del visillo cotilleamos quien consigue entrar y quien al final desiste. También hay alguno que se mete en una ducha en la que no ha cerrado el grifo y tiene que salir lleno de jabón con una toalla minúscula a volver a intentar vencer a la máquina para que le permita terminar su higiene en otra cabina.

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios