Mantua, escenario de la ópera Rigoletto

Publicado el 11 de junio de 2026, 19:17

 

"Esta es una ciudad hermosa y merece la pena viajar mil millas para verla." Torquato Tasso (1586)

 

Mantua, ciudad rodeada por lagos es Patrimonio de la Humanidad.

Nos alojamos a un kilómetro del centro y tras un copioso desayuno visitamos el maravilloso Palacio Ducal que perteneció a la famosa familia Gonzaga. Sus techos, paredes y puertas están decoradas con exquisita decoración renacentista.

Mientras contemplamos un fresco suena un teléfono. Una señora de Baviera viene a disculparse comentando que su madre con 90 años le llama todos los días. Nos recomienda que visitemos su pueblo y participemos en su carrera pedestre.

En las primeras salas se exponen esculturas griegas y romanas. A los Gonzaga también les gustaba coleccionar fósiles y minerales. Hay un animal disecado que tiene la misma cara que ET.

Recorremos hasta tres galerías gigantes cuyos techos nos enamoran

En una de las salas contemplamos la cama de la segunda esposa de Napoleón.

Disfrutamos de multitud de estancias durante casi tres horas y como necesitamos un descanso vamos a comer cerca del lago.

Hemos comprado una tarjeta que da acceso a muchos monumentos, así que nos queda mucha tarea por la tarde. 

Empezamos por el Teatro Científico, famoso porque tocó Mozart al mes de inaugurarse. Para lo que se estila por estos lares, es bonito pero bastante austero.

Subimos a la torre del reloj para contemplar las vistas de la ciudad y convertirnos en expertos en mecánica de relojes astronómicos (visitamos otro hace dos días).

En un lateral de la torre está ubicada la iglesia románica Rotonda de San Lorenzo, realizada a imitación del Santo Sepulcro.

El resto de la tarde visitamos el Palacio del Te, una residencia de recreo famosa por la decoración de sus techos. En este palacio se alojó Carlos V y le regalaron unas pinturas de las que se deshizo porque eran poco decorosas.

Al salir a los jardines del palacio nos topamos con un grupo de mujeres que van a iniciar su clase de yoga en el césped. Vaya sitio para estirar y meditar!!

Al día siguiente, nuestra idea era ir a Sabbioneta, pero hay mercado y el autobús no para en la parada que está cerca de nuestro hotel. Intentamos cogerlo en la estación de autobuses principal pero no tenemos suerte. Alternativamente visitamos el museo del poeta Virgilio, ampliamente venerado en Mantua. El palacio donde está ubicado el museo tiene una remodelación magnífica y encima en las obras, oh sorpresa, han descubierto frescos.

Nos cautiva su evocación de la vida pastoral.

Nos tomamos un café al lado del famoso horno Scaravelli, mientras miramos embobados los colores de la pasta fresca de su escaparate.

Por la tarde pedaleamos cincuenta kilómetros para alojarnos en un hotel en el campo lleno de flores. No hay nada a tres kilómetros salvo acequias y maíz.

 

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