Desde que salimos de Pirot pedaleamos por una pequeña carretera que suavemente asciende por un ancho valle. La temperatura es magnífica y nos anima ver flores moradas por todos los lados.
En una entrada a la autopista vemos indicaciones para Sofía y Estambul.
Nos da un subidón!!!
Paramos en Dimitrovgrad, último pueblo serbio, para tomar café y gastar nuestros últimos dinares.
En Serbia casi ningún alojamiento de Booking se puede pagar con tarjeta y prefieren que les pagues en euros. Resumiendo, hasta que no encontremos un cajero en Bulgaria somos pobres de solemnidad porque solo tenemos 20 euros. Eso sí, tenemos comida para tres días!!!
La salida de Serbia es mucho más sencilla que la entrada. Hay un parking donde no habrá más de 30 camiones aparcados y en cada ventanilla para coches solo hay tres o cuatro vehículos esperando. Está vez no nos colamos y esperamos unos cinco minutos para pasar.
Después de nuestra foto reglamentaria con el cártel de Bulgaria, intentamos buscar otra vez el track.
Subo por una pequeña carretera que pone prohibido el paso para conectar con nuestra ruta. Me paro para ver si me sigue Luismi y observo a mi espalda ,entre la vegetación, el antiguo paso fronterizo oxidado. No me sorprendería que saliera alguien con sombrero y gabardina y nos volviera a pedir de documentación. Hay una puerta abierta en una valla por la que salimos del lugar que Luismi clasifica como super cutre.
Al atravesar la valla enlazamos con una deliciosa carretera parecida a las del Canal de Isabel Segunda que nos transporta por el lecho de un estrecho valle cubierto de bosques.
Estamos encantados con nuestra entrada en Bulgaria.
El valle se estrecha y toca subir para alcanzar una altiplanicie en la que ya han cosechado el cereal y lo han apilado en bloques redondos. Las laderas tienen ondulaciones que me recuerdan al Macizo Central de Francia.
Ayer intentamos buscar alojamiento pero al ser pueblos pequeños no encontramos nada. Nuestra esperanza es dormir en una casa particular o en nuestra tienda (opción para la cual es imprescindible encontrar agua).
Dos kilómetros antes de llegar al único pueblo un poco más habitado señalan un monasterio.
En un blog he leído que es una experiencia estupenda dormir en este tipo de alojamiento, con lo cual no dudamos en preguntar.
Tenemos la suerte de que nos responden afirmativamente y disfrutamos de este remanso de paz, nublado con 25 grados, con algo de brisa y acompañados por el canto de los pájaros.
Se puede pedir algo más a la vida?
Que lujazo!!!
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