Nuestro último día en Eslovenia ha sido delicioso.
Hemos pedaleado todo el día por una carretera secundaria sin tráfico.
Al pasar por pueblos o delante de edificios observamos que todo está muy cuidado, lleno de flores y ordenado. Tenemos la sensación de estar en Suiza, hasta las cúpulas de algunas iglesias están empinadas como las suizas.
Hay muchos graneros de madera, tractores e incluso algunos invernaderos con plásticos para cultivar fresas.
Casi por casualidad he visto un coqueto castillo en medio del río.
A los pocos kilómetros nos han sorprendido el juego de unas ocas
Hoy hemos realizado nuestra obligada parada del café en una terraza frente al río. En el establecimiento suelen parar ciclistas y moteros.
A las once de la mañana, solo quedaba un croissant
Un poco antes de la una, hemos vislumbrado gente bañándose en el río en una magnífica pradera.
Como dos pavisosos hemos dudado si parar por si luego hacía mucho calor. Como solo quedaban 21 km para nuestro destino, finalmente nos hemos zambullido en el refrescante agua.
Hemos pasado a Croacia por una frontera secundaria, vamos tan secundaria que me la he pasado y he tenido que volver. Es un pequeño puente peatonal escondido en un callejón.
Nada más pasar la frontera se percibe un descenso de la renta per capita. Hay casas a medio construir, varias en ladrillo sin pintar...
Hemos constatado que en todos los países que hemos visitado hay los mismos supermercados que conviven con algunas empresas locales ( Aldi, Lidl y Spark).
Aunque la comida si varía un poco. Hoy hemos sido incapaces de comprar media docena de huevos, aquí parece que no hay singuels...
Después de casi una semana volvemos a dormir en camping. Es tan nuevo que no han crecido los árboles y la sombra es escasa.
No tenemos claro que descansemos aquí más días si no conseguimos plaza con sombrita
Añadir comentario
Comentarios