Nos levantamos a las 5:30 para no pasar calor.
No siempre Dios ayuda al que madruga y encontramos el museo de lavanda cerrado.
Subimos nuestra primera cuesta para llegar al famoso pueblo de Gordes. A la entrada hay un mirador y mientras hacemos una foto a una pareja el mirador se llena como la calle Preciados en navidades. Arrancamos en cuesta y en coche se queda atravesado. No consigo arrancar y un señor me ayuda empujando mi bici. En el aparcamiento coincidimos con él y su mujer. Se hacen una foto con nosotros y nos cuentas sus aventuras ciclistas.
Salimos del pueblo a las diez y ya hace calor.
Una fuente a la sombra nos invita a comer antes de empezar las subidas camino de los Alpes. Pasan varios guiris que nos preguntan si el agua es potable. Empezamos a subir sobre las doce pero hace más calor que en agosto a las cuatro de la tarde. Afortunadamente, en cuanto subimos 300 metros de desnivel empieza a correr una suave brisa. Paredes calcáreas y subidas más suaves nos llevan a un precioso puerto tipo Canencia lleno de flores. A pesar de ser miércoles hay muchos ciclistas. Un abuelete se pica con Luismi y el pobre casi muere de un infarto. Al llegar arriba hace fresquito y no tumbamos un rato para saborear está sensación. Terminamos el día en un agradable pueblo mucho menos turístico pero con rincones mágicos (Sault).
Nos levantamos dispuestos a sufrir con otro puerto pero para nuestra sorpresa excepto la primera curva, el resto no pasa del 5%. Se alternan robles, abetos, retama en flor y unas estupendas vistas del mítico puerto del tour el Mont Ventoux.
Luismi me espera en un mirador al lado de una caravana. El dueño sale y nos invita a tomar café. Es un italiano que vive tres meses al año en Barcelona y el resto en Brasil. La bajada nos depara unos paisajes espectaculares. Después de 30 kilómetros sin dar pedales, llegamos a unas preciosas gargantas con agua azul turquesa. Nos da miedo pasar calor y decidimos bañarnos cerca del camping. En un descanso a la sombra aparece una señora con aspecto de pro cargando en bici a un perro gigante en un carrito. Nos dice que se queda con nosotros a esperar a su marido. Parece que vais lejos dice al mirar el equipaje. Nos comenta que vive el Bruselas y que quieren atravesar Francia. A los pocos minutos aparece el marido en una bicicleta de las que vas sentado con las piernas estiradas. Ha tenido una lesión y le suponen un esfuerzo importante las cuestas.
A un kilómetro del camping nos damos en un río nuestro ansiado baño que supone el colofón de un día fantástico.
Añadir comentario
Comentarios