Pedaleando entre viñedos

Publicado el 20 de mayo de 2026, 21:18

 

Dejamos con pena a nuestro amigo aragonés que además de sus libros ha compartido con nosotros sus dibujos y sus fotos de familia.
En la bajada de una suave colina vemos los primeros campos morados de lavanda que todavía no están en su esplendor pero ya lucen sus caracteriscos colores.
Al llegar a Brams, una pastelería nos hace parar en seco y deleitarnos con unos maravillosos dulces que llevábamos días sin probar. Vemos pasar a personas mayores con bici eléctrica que disfrutan del canal de Midi.
A partir de esta población dejamos nuestra ruta para desviarnos a Carcassonne. San Google nos hace de las suyas y nos mete por sembrados, fincas particulares... Aburridos paramos comer y decidimos elegir una ruta para coches que nos pasea por todos los polígonos. Rotondas y más rotondas nos llevan por fin al camping que está debajo de la fortaleza de Carcassonne.
Nos damos una ducha para quitarnos el calor y como buenos guiris nos vamos a hacer turismo a las 15:30, hora ideal cuando hace calor...
Afortunadamente el paseo va en sombra hasta que empieza la subida al castillo. Ahí no hay tu tía y hay que salir al sol si o si. Las vistas de la fortaleza son magníficas. Nos dejan anonadados los torreones, las murallas... Las callejuelas son encantadoras pero están llenas de tiendas con sus puestos en la calle que hacen perder parte de magia. Cenamos en una terraza pintoresca y después de cenar todo cambia. Los grupos y las personas que  no se alojan allí se han ido y podemos disfrutar de muchos rincones totalmente solos, todo un privilegio.
Al día siguiente decidimos madrugar y salir a las ocho cuando nos den el pan y los croissant.
A esa hora un colegio de unos 40 niños van a desayunar y tenemos que esperar más de 20 minutos.
Nos cuesta bastante retomar el track. El paisaje cambia radicalmente y se torna mucho más árido, vemos incluso alguna chumbera. Pedaleamos todo el día entre viñedos y anuncios de Chateaux que anuncian degustación y venta de vinos.
Un restaurante italiano nos ofrece algo de comer a las 13 horas y no lo dudamos. Cómo hay pocos sitios para comer o comprar, sitio que vemos sitio que aprovechamos. Por este motivo bebemos como si no hubiera mañana ( más de un litro de agua cada uno y una Coca-Cola, para animarnos en las cuestas de por la tarde)
Las camareras son encantadoras y bromean con todos los clientes. Nos preguntan a donde vamos y como siempre se quedan boquiabiertas. Una señora canadiense nos para en una rotonda, le damos envidia porque ella también es ciclista. Todo el mundo se queda con el lado bucólico y nadie se acuerda de lo que pesan las alforjas en las cuestas...
Paramos a ver una iglesia con música de Mozart y un ambiente refrescante. Dan ganas de quedarse y aprender a rezar todo lo que haga falta.
Un perfil favorable nos deposita en un pequeño camping con piscina que nos brinda una tarde de relax

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Comentarios

Chus
hace 20 días

Es una delicia leeros y viajar con vosotr@s en la imaginacion.
En estos viajes que requieren esfuerzo y algunos "sacrificios", el recuerdo que prevalece es el de la señora canadiense, los buenos momentos vividos, que suelen ser muchos más que los menos buenos.
Buenas pedaladas

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