Ayer por la noche nos dimos un paseo mágico por Sigüenza. Los edificios nos mostraban a nosotros solos sus encantos iluminados.
Después de los 83 km y 950 metros de desnivel de ayer, hoy nos apetecía un día tranquilo.
Hemos empezado devorando un espléndido desayuno ( Luismi se ha animado incluso con unos churros). Gente del lugar comenta que el agua de esta semana no va ayudar mucho al campo. Niños sonrientes corren al cole, casi todos extranjeros.
A los pocos kilómetros hemos coincidido con un ciclista alemán que venía de Cádiz. La primera vez que vino a España se dió la vuelta a todo el periplo de la península ibérica.
Casi toda la mañana hemos pedaleado por un pequeño valle lleno de robles, tomillo en flor y rocas calcáreas.
Nos sorprende la Cueva del Arzal, utilizada como puesto islámico fronterizo para defender la linea del Duero.
En Yelo nos saludan unos palomares encaramados en pequeñas paredes.
Nos ha encantado la plaza de Morón de Almazán.
Restaurantes, bares y tiendas ni uno en todo en trayecto, por lo que hemos tirado de nuestras viandas.
Hemos estrenado nuestra tienda en una magnífica pradera al lado de un Molino.
El dueño ha venido a ultima hora de la tarde a enseñarnos por dentro el edificio de 1825. Ha sido un auténticio privilegio visitarlo y disfrutar su amena conversación.
Se puede pedir más a la vida?
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